Nos levantamos pronto en el Camping para ir a Jørpeland a hacer compras y después ir hacia Tau. Recogimos todo y a las nueve menos diez estábamos en la puerta de la tienda de deportes, que abría en ese momento. Dentro compramos dos bombonas grandes de butano y un mapa bastante bueno de la zona de Hardangervidda, el parque natural al que queríamos ir. Después fuimos al supermercado ICA a comprar provisiones y desayuno. Martín robó un bollo y con Javi “probaron” muchas de las chucherías que se vendían.
Compramos todo de la marca “Euroshopper” que era más barata que la marca blanca del propio supermercado, pero las latas no tenían abre-fácil así que Ignacio se fue a buscar un abrelatas en las tiendas de alrededor. Encontró uno por noventa coronas, pero no lo compró. Después de la primera compra decidimos que no era suficiente y mientras Martín y Carlos se fueron a comprar el abrelatas y a conseguir información en la oficina de turismo sobre como subir a Odda Javi e Ignacio compraron más provisiones. No conseguimos mucha información en la oficina de turismo pero Martín se metió en internet a ver sus notas, ya que había conexión gratuita.
Después fuimos a la carretera hacia Tau y llegamos a una parada de autobús. Desayunamos ahí (unos bollos muy muy secos Carlos y Martín y un paquete de galletas cada uno Javi e Ignacio, y para todos un zumo de naranja barato) y nos pusimos a hacer autostop. Paró un viejo que llevó a Javi e Ignacio hasta Tau y nos quedarmos Martín y Carlos que seguimos haciendo autostop. Llegaron unas noruegas que se pusieron a hacer autostop unos metros antes que nosotros y a reírse, pero luego se fueron. Llegó el autobús y nos subimos, coincidiendo en la parada con un chileno con el que estuvimos hablando. Por lo visto hay muchos chilenos que huyeron de Chile cuando Pinochet y se instalaron en Noruega, ya que encontramos bastantes durante nuestro viaje. Nos contó un poco su vida y lo que suponía que podíamos hacer, dándonos consejos pero vamos, como casi todos no tenía ni puta idea. La verdad es que durante el viaje, hablando con la gente, todo el mundo quería opinar, y nos daban consejos que, por desgracia, luego nunca servían de nada.
Llegamos a Tau y nos estaban esperando ahí Javi e Ignacio. Habían visto que había un autobus hasta Hjelmeland (un pueblo un poco más al norte) en un rato y desde ahí se podía coger un Ferry hasta Nesvik y hacer autostop en la carretera 13. Cogimos el autobús y llegamos a Hjelmeland. Ahí había otra oficina de turismo donde preguntamos horario de autobuses y formas de llegar hasta Røldal. No nos dieron mucha información, como nos solía pasar en las oficinas de información. Teníamos que coger el Ferry hacia Nesvik y estuvimos haciendo tiempo, subiéndonos a una silla gigante que había por ahí, haciéndonos fotos, y dando vueltas. Compramos unas fresas a un niño que había en el puerto (por fin) y nos sentamos al borde del lago a comer unos bocadillos enormes que nos habíamos hecho con las provisiones que compramos en Jørpeland.
Salimos en el Ferry hacia Nesvik y llegamos ahí, aunque no había absolutamente nada. Por suerte no nos cobraron el pasaje del Ferry. Estuvimos haciendo autostop pero no conseguimos nada. Llamamos a un teléfono que nos habían dado en la oficina de información para pedir un taxi pero nos cobraban una barbaridad así que decidimos usarlo solo si no nos quedaba más remedio. Como éramos tantos y nadie paraba decidimos separarnos en grupos de dos: primero iban Javi e Ignacio y después Carlos y Martín. Quedamos en avanzar lo máximo posible y mantenernos en contacto a través del móvil.
Al final el grupo de Javi e Ignacio llegó a un túnel en el que no había luz y se tuvieron que parar a esperar, y lo cruzamos todos juntos con el farolillo. Seguimos andando un rato hasta que nos cogió una señora en un Subaru granate a los cuatro y nos dejó en el desvio hacia Jøsenfjorden. Estuvimos en ese desvío esperando un buen rato. Estuvimos localizando un sitio para, en el peor de los casos, dormir, y vimos una especie de cabaña a la que no bajamos. Para hacer autostop nos poníamos de dos en dos porque nos dimos cuenta de que los cuatro dábamos un poco de miedo. Javi empezó, sin mucho éxito, a intentar aprender a tocar el Ukelele. Al cabo de bastante tiempo nos cogió una camioneta con remolque. Nos metieron en la parte de atrás sin asientos y nos llevó hasta Sand. Durante este trayecto Javi dijo: ¿Os imaginais que ahora suena Kids (una canción de MGMT que nos encanta)? Al cabo de un rato (como cinco minutos o así) sonó Kids en la radio (imaginad lo que nos emocionó esta “tontería”)
Después de que los de la furgoneta nos dejasen en Sand hicimos un poco más de autostop y empezó a llover a cántaros, pero nos cogió un tipo que parecía un leñador y nos llevó a Suldalsosen. Ahí no había nada abierto (todo cerraba a las seis) e hicimos autostop de nuevo. Nos cogió un hombre con un Audi que parecía que iba a estallar y nos llevó a Nesflaten, un pueblecito de por ahí. En este último trayecti casi morimos porque estaba diluviando como no había visto en mi vida y un camionero iba demasiado rápido y muy metido en nuestro lado de la carretera y no nos chocamos con él por centímetros.
En Nesvik nos dejó en la puerta de un supermercado. Aquí todo cerraba a las cinco. Martín se puso a llamar por teléfono y el resto se fueron a dar una vuelta. Después nos pusimos en la puerta del café del pueblo a cocinar unos espaguetis con salsa de tomate Euroshopper y comimos siguiendo el sistema por turnos que tan popular se acabó haciendo. Nos llamó Magro por telefono. Después Martín se puso a escribir y el resto se fue a dar una vuelta de reconocimiento por el pueblo para buscar un sitio donde poner la tienda ya que había parado de llover.
Volvieron sin haber encontrado nada y nos fuimos todos a buscar algo. Vimos un prado al lado de una casa que tenía muy buena pinta. Martín le pidió a la señora dueña de la casa que nos dijese un sitio donde acampar, con la esperanza de que nos invitase a usar su jardín pero nos dijo que a tres minutos andando había un sitio preparado para ello con una tienda gigante. Nos indicó el camino y llegamos al Paraíso Hippie, donde había un tipi enorme con un sitio para hacer fuego y madera preparada.
Hicimos un fuego y nos pusimos a preparar las esterillas y los sacos. Ignacio se había dejado el Ukelele en la puerta del supermercado donde habíamos cenado así que se volvió a por él. Decidimos que al día siguiente Javi e Ignacio irían a comprar huevos, beacon y zumo mientras Carlos y Martín se iban a encargar de preparar el fuego para cocinar. Dejamos la puerta entornada por miedo al humo y nos dormimos, aunque unos tardaron más que otros.