miércoles, 19 de mayo de 2010

Día de la separación de caminos, el autostop largo y el campo de fútbol.

Nos levantamos relativamente pronto y Javi e Ignacio se fueron a comprar el desayuno al pueblo mientras Carlos y Martín preparaban el fuego. Volvieron a las nueve y cuarto con doce huevos, beacon, pan y zumo de naranja. Cocinaron Carlos y Martín y nos comimos el desayuno por grupos de dos. La verdad es que, con el hambre que teníamos, es uno de los mejores desayunos que recordamos. Después de desayunar y recoger todo nos fuimos a coger el autobús hasta Røldal, pero debía haber pasado ya porque nunca llegó.

Después de esperar nos fuimos a la entrada del pueblo a hacer autostop y les pararon a Javi y a Ignacio. Era una chica que solo tenía sitio para dos asi que se fueron y nos separamos otra vez. En esta parte del diario falta lo que les pasó al grupo de Javi e Ignacio porque no estaban con nosotros.

Carlos y yo (Martín) estuvimos haciendo autostop hasta que paró una furgoneta que nos llevó hasta Tyssedal, que era el sitio al que queríamos llegar. Fue un viaje bastante largo (como dos horas y media) y el tío nos contó su vida: Que su novia era una artista y vivía en Fløril (un pueblecito enfrente de Bratelli), que el era una especie de carpintero que se dedicaba a la restauración de muebles y venía de ver a su novia y se iba a casa. Su hija iba a la universidad a Bergen y a su novia le habían dado una beca para ir a Bilbao a aprender sobre el arte o algo así. El era danés pero llevaba más de veinte años viviendo en Noruega y su novia era francesa. Su inglés no era lo suficientemente bueno como para explicarnos porque Noruega no quería entrar en la Unión Europea.

Llegamos a Tyssedal y dimos una vuelta hasta que encontramos un parque donde tomamos unos plátanos, dormimos un oco de siesta, Martín escribió en el diario y Carlos llamó a sus padres. Había un niño pequeño al que saludamos. Cuando ya no podíamos más del aburrimiento nos fuimos a dar una vuelta y encontramos una piscina que cerraba a las seis, aunque llegamos a las seis menos diez. Nos dio tiempo a darnos un chapuzón y cerraron la piscina. En cuanto se fueron los socorristas vinieron los macarras malotes del pueblo y se colaron con sus amigas. Llegó otro con su novia y con una pizza. Nosotros le preguntamos que de donde se había sacado la pizza y que si sabía de algún sitio donde dormir y plantar la tienda. Nos dijo que no sabía de ninguno y que la pizza era de Odda, así que nos fuimos a investigar.

Después de un rato encontramos un campo de fútbol con un sitio al lado bastante plano y pensamos que era un buen sitio. Mientras tanto Javi e Ignacio tenían su propia aventura en curso, de la que nos iban informando por teléfono. Antes de plantar la tienda bajamos a un sitio resguardado por los árboles para hacer un fuego para calentar las alubias, que abrimos a duras penas porque no sabíamos bien como usar el abrelatas. Después de cenar empezó a llover bastante y nos pusimos a montar la tienda todo lo rápido que pudimos, aunque se nos inundó un poco.

Una vez montada la tienda nos metimos dentro a esperar a Javi y a Ignacio, que estaban ya en Odda (el pueblo anterior a Tyssedal. Tardaron un poco en llegar y nos contaron que habían subido en autostop y les había cogido un español que les llevó a ver la presa que estaba bastante lejos. Traían galletas y un brazo de gitano. Nos comimos las galletas y estuvieron contándonos sus aventuras. Poco después caímos rendidos.

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