Nos levantamos bastante pronto, en parte por el calor y en parte porque no habíamos podido dormir bien. Desayunamos galletas con Nocilla y después de recoger nos pusimos en marcha hacia Middlesbu, el sitió en el que estaba la última cabaña. La verdad es que el día que nos hizo por la mañana era una gozada, con mucho sol pero sin calor agobiante y aunque la ruta fue un poco larga no nos costó demasiado. Ignacio y Javi encontraron unas ovejas y se pusieron a correr entre ellas, imitando al de Into The Wild (que corria entre caballos).
A mitad del camino paramos a comer, a la orilla de un rio que había que cruzar. Comimos arroz con tomate y como estuvimos un tiempo descansando hasta que decidimos ponernos a construir una presa para poder cruzar el río. Nos descalzamos y empezamos todos a trabajar. Después de varios intentos fallidos Martín decidió cruzar descalzo con la mochila y el resto estuvo construyendo la presa mientras el les esperaba en la otra orilla. Al final lo consiguieron y cruzaron por ella. Fue bastante entretenido y estuvimos un par de horas parados descansando sin preocupación alguna.
Seguimos andando y el tiempo empeoró un poco. A Martín le llegaron de golpe todos los suspensos que había tenido y estuvo un poco deprimido. Llegamos a unas casitas de piedra donde había unos niños jugando y unos caballos. Pasamos de largo y nos desviamos para llegar a la última caseta self-service. Tuvimos que bajar por al cuesta más empinada por la que habíamos bajado en todo el viaje, pero por fin llegamos a Middlesbu. Había dos alemanes dentro así que metimos todo en una habitación y cogimos cada uno una cama.
Cenamos y nos pusimos a escribir en los diarios y a hablar. Los alemanes nos enseñaron a usar el abre-latas que no habíamos conseguido usar en todo el viaje de manera adecuada, y resulta que era lo mejor y funcionaba fenomenal. Poco después empezó a llegar más gente y nos metimos en la habitación. Llegaron una china y una vieja y Carlos fue a por nuestros cubiertos. No los encontró y dijo que los estaban usando las que acababan de llegar así que Martín fue a decirles que por favor usasen otros y mientras se lo decía escuchó como se descojonaban en al habitación porque los cubiertos estaban dentro y Carlos no los había visto.
Nos dormimos (como siempre en las cabañas dormimos fenomenal, acostumbrados a dormir en el suelo tirados) y al cabo de un rato entro la china a por mantas y la vacilaron un poco. A Ignacio le dieron de su propia medicina y se cabreó y les gritó a Javi y a Carlos porque le estaban molestando.
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