miércoles, 19 de mayo de 2010

Viaje a Noruega 2009

Aquí comienza mi diario de viaje de la aventura de Noruega. No sé como acabaremos, ni si volveremos sanos y salvos pero estoy seguro de que será una experiencia que recordaremos siempre.
Estamos en el aeropuerto escuchando la canción de Into the Wild en el coche de Magro.
Recemos para que nos haga buen tiempo, recemos para que nos sea lo más leve posible, recemos para que, a lo largo de este viaje, nos encontremos a nosotros mismos y descubramos que la felicidad solo es real cuando se comparte.

Oslo

Aquí comienza todo. Estamos en el avión hacia Oslo y no falta nada. Una vez ahí quiero buscar una iglesia para confesarme por si pasa algo. No sé como saldemos parados de este viaje, pero estoy seguro de que será una experiencia inolvidable...

Llegamos al aeropuerto de Oslo después de hacer escala en Amsterdam. Para ir del aeropuerto a la ciudad hay que coger un tren. Por suerte para el tren de rápido hay descuento de estudiante y nos ha costado (solo) 85 coronas por persona. Llegamos a Oslo y fuimos a la oficina de turismo a pedir información, mapas de la ciudad y ver que nos daban. Conseguimos mapas de Oslo y horarios de autobuses que no nos sirvieron de nada.

Después fuimos a buscar una Iglesia, pero nadie hablaba inglés así que no nos sirvió de nada.

Ahora estamos en un parque y Carlos e Ignacio se han ido a dar una vuelta mientras que nos quedamos tirados en el parque y nos pusimos a escribir. La primera cena en Noruega ha sido bastante dura: Hemos tomado un platano y un cuarto, un cuarto de bolsa de patatas malísimas y media botella de Coca Cola por persona. Todo nos ha costado 70 coronas. Ahora tirados sin ninguna preocupación en mente.

Después del parque hemos fuimos a dar una vuelta por Oslo, a ver como era de caro el McDonald’s, a buscar un cuarto de baño y hemos ido a ver el edificio nuevo de la Ópera de Oslo, que es muy interesante. Cuando estabamos arriba del todo debatíamos si era posible bajarlo en skate, y nos hicimos un par de fotos. Antes, de camino a la Ópera entramos en un Burger King a ver si había baño y Martín vio una botella de dos litros de Coca Cola que se agenció. Ha sido la primera acción de “mendigos” de este viaje.

Después de el viaje nos fuimos a la estación de tren para ir a Stavenger.

Día del Preikestolen, comienzo de Into The Wild y Jesús

Ya estamos en Stavanger. Hemos llegado en tren desde Oslo (salimos ayer a las 10:47 de la noche) hasta Sandnes y ahí hemos cogido un autobús. En Stavanger nos hemos encontrado a un español de Valencia muy simpático que nos ha informado sobre el servicio de cabañas (demasiado caro para nuestro presupuesto).

En el viaje hasta aquí Ignacio no quería comprar agua porque le parecía muy caro, pero luego se le ocurrió comprar un menu en el tren. Al final compramos una botella de agua (un poco cara, la verdad).

En Stavanger hemos desayunado un Pan-Pizza cada uno y litro y medio de zumo entre todos. Ahora estamos viendo que hacemos sentados en un parque enfrente de la catedral y esperando a que la abra oficina de turismo.

Fuimos a la oficina de turismo y pedimos mapas de la zona, bastante cutres, y nos dieron información sobre como llegar al Preikestolen: había que coger un Ferry hasta Tau y luego un autobús que te acercaba al comienzo del trayecto. Nos costo 100 coronas por persona. En la oficina de turismo preguntamos a un señor de la limpieza que donde podíamos conseguir agua y resulta que era Chileno y nos llevo dentro, al cuarto de baño y al sótano, para que rellenásemos las botellas y las cantimploras.

Estuvimos a punto de perder el Ferry pero al final no pasó nada.

Fuimos al Preikestolen (una cuesta empinadísima) y antes de llegar nos estuvimos bañando en unos lagos y descansando. Javi se pegó dos leches al entrar y al salir del agua y todos los turistas se rieron.

Comimos una lata de atún cada uno, porque la verdad es que no teníamos mucha comida. Conocimos a Jesús, un canario que lleva tres o cuatro semanas por Noruega el solo. En canarias es capitan de un Ferry. El puto amo. Nos dio chocolates por lo que se cumplió el mundo de baldosas amarillas de Martín del que tanto se reía Ignacio. Despues fuimos al Preikestolen, estuvimos ahí haciéndonos fotos y disfrutando y volvimos para encaminarnos hacia Bratelli.

De camino a Bratelli (un “pueblo” que aparecía en los mapas y en unos carteles) conocimos a unos checos que iban a hacer un plan parecido al nuestro, pero se iban a quedar una semana más. También eran ingenieros. Nos perdimos y acampamos al lado de un poste que Ignacio había visto desde lo lejos en lo alto de una montaña. Nos cenamos unos macarrones y nos fuimos a dormir.

Javi y Carlos bajaron a bañarse y a por agua y volvieron con agua del lago y con ella cocinaron. Martín se metió en la tienda mientras tanto y se quedó dormido.

Día del Descenso y de la Cabaña Mágica

Nos despertamos con un calor insoportable (amanecía a las cuatro y a las 8 el sol estaba dando fuerte) y estuvimos haciendo el tonto hasta que decidimos ponernos en marcha por un camino que había encontrado cerca del lago Javi y Carlos cuando bajaron a bañarse.

Seguimos el camino hasta llegar a un lago donde nos bañamos y nos lavamos un poco, cogiendo agua para potabilizarla.

La verdad es que ese baño fue increíble, con el agua buenísima y nadando hasta que ya habíamos descansado suficiente. Carlos se encargaba de las pastillas potabilizadoras y estaba un poco preocupado porque pensaba que no nos iban a llegar. Al final del viaje sobraron más del 75%, porque nos dimos cuenta de que se podía beber perfectamente del agua de los rios, que era mejor que el agua que bebemos normalmente en Madrid.

Después del baño en el lago volvimos a ponernos en marcha hasta que perdimos el camino. Unos fuimos por un lado y Carlos por el otro, y al final decidimos ir por uno que subía una montaña. Martín se había adelantado a investigar y Javi le subió la mochila un tramo. Seguimos andando por la cresta de la montaña hasta que llegamos a un sitio desde donde se veía todo.

Carlos vio una casa a la orilla de un lago que había y decidimos llegar a ella como fuese (en linea recta). Tuvimos que bajar por un precipicio descolgando las mochilas con la cuerda que habíamos comprado en Madrid (y que en un principio no parecía muy útil).

Cuando por fin llegamos al lago y vimos la caseta era la leche: estaba cerrada pero nos estuvimos bañando, cruzamos a la otra orilla y saltamos desde una roca al agua y descansamos por ahí.

En un hornillo que había en la cabaña (fuera) hicimos fuego y cocinamos los macarrones que quedaban y arroz con tomate. El fuego lo hicieron Carlos y Martín que no escatimaron en gastos de leña. Javi se encontraba mal y empezaba a tomar antibiótico.

Después del descanso en la cabaña mágica retomamos el camino y por fin encontramos un cartel que indicaba Bratelli. Yendo hacia ahí nos encontramos un a un grupo de Boy Scouts noruegos que nos dijeron que cogiéramos agua del rio porque quedaban dos horas hasta Bratelli y no había más rios. También nos dijeron que Bratelli no era un pueblo, sino una plataforma de petróleo en medio del fiordo donde paraba el Ferry, y nos dieron un número de teléfono al que había que llamar para que parase a recogernos. Llamamos mil veces pero nunca nos cogieron.

Empezamos a andar después de coger agua y cuando estábamos en la cima a Martín le llegó un mensaje de Carlos Aguado diciendo le que había aprobado estructuras. Antes de llegar a Bratelli descansamos y nos tomamos media barrita cada uno de las que nos había dado Jesús. Por fin llegamos y era una cuesta super empinada donde no había absolutamente nada. Carlos y Javi bajaron hasta el final y nos dijeron que era una matada y que ahí no se podía dormir así que plantamos la tienda arriba como malamente pudimos y cenamos espaguetis con atún por turnos (primero Martín y Carlos y luego Javi e Ignacio que fueron a por agua). Nos dormimos con la idea de Ignacio de levantarnos a las 5:30 para coger el Ferry de las 6:30.

Día de los mejillones, el barco y el Keiraj

Obviamente nos levantamos tarde: yo oi la alarma pero pasé olímpicamente. Desayunamos media barrita y luego, con toda la calma, bajamos a la plataforma a coger el ferry de las 2:46.

Había que bajar una cuesta que sabíamos que nunca volveríamos a subir porque era exageración. Llegando a la plataforma nos bañamos y descubrimos mejillones. Carlos y Martín los pescamos, Javi y Carlos los limpiaron y luego los cocinamos y nos los comimos. Ignacio se tomó uno para probarlos pero nosotros nos pusimos las botas. Al final, con el agua de los mejillones hicimos unos espaguetis añadiendo más y quedaron riquísimos.

Luego estuvimos haciendo el tonto, intentando hacer señales a los barcos, y Carlos creyó ver una foca y tiro mejillones rotos para atraerla. No atrajo focas pero llegó una medusa muerta. Carlos se lanzó al agua con un palo y la subió hasta la plataforma donde la estuvimos analizando.

Después Carlos se ató las botellas de agua a los pies y se fue a buscar agua dulce. Volvió al rato con las botellas llenas, porque había encontrado una cascada de agua dulce. Después nos pusimos a hacer señales a los barcos que pasaban. Paró uno que iba lleno con una familia y nos dijo que intentaría llamar o avisar al Ferry, porque no llegaba el que estaba programado.

El siguiente barco que llegó llevaba otro al lado remolcándolo y nos dijeron que para que parase el Ferry había que subir una boya que había ahí. Al final nos dijeron que si queríamos que nos llevasen al siguiente pueblo donde el Ferry paraba siempre y dijimos que si. Una vez en el barco nos dieron unas cerveza que no supieron a gloria.

Los dueños del barco eran dos matrimonios de señores mayores muy simpáticos que nos ofrecieron al final llevarnos hasta Lysebotn. Nos pusimos en la parte de atrás del barco e Ignacio se puso a hablar con uno de los señores planificando una ruta. Paramos delante del Keiraj porque a veces, cuando pasa el Ferry, la gente salta en paracaídas y estuvimos viéndolo con prismáticos, pero no se tiró nadie. Al fin llegamos a Lysebotn, una mierda de pueblo donde solo había una tienda de información, un albergue (donde compramos unos mapas y patatas y chocolatinas) y un camping con una dependienta impresionante que solo tuvimos el placer de ver Carlos y yo cuando fuimos a preguntas por los precios de la comida (el “módico” precio de 168 coronas cada uno).

Con lo mapas que habíamos comprado planificamos una ruta bastante arriesgada y empezamos a subir al Keiraj (en contra de la voluntad de Martín) a las siete de la tarde. Después de andar muchísimo, cruzar un túnel congelado de 1,1 Km y morir del cansancio hicimos autostop y un tío paró y se llevo a Ignacio con todas las mochilas.

Carlos, Javi y yo subimos andando y no pasó ningún coche más. Cuando llegamos estábamos muertos pero subimos bastante camino del Keiraj (después de un merecido descanso) y acampamos arriba en un sitio de la leche al lado de un rio con bastante frio pero muy guay que nos recomendo una española de Salamanca que se venía con unos amigos y con la que nos cruzamos al subir.

Lavamos la ropa en el rio al lado de la tienda e hicimos un arroz mezclado con un sobre de sopa que estaba buenísima y comimos siguiendo el sistema de turnos (este sistema, con el que pasamos a comer todos los días desde la primera vez que lo usamos, consistía en que cada uno daba una cucharada a la comida, siguiendo un orden estricto, para comer todos más o menos lo mismo, pues nunca sobraba la comida). También pusimos un tenderete para colgar la ropa.

Subida al Kjeraj, Ferry a Forsand y Camping Mágico

Esa noche hizo bastante frio así que nos levantamos y no perdimos mucho el tiempo. No desayunamos y lo recogimos todo, dejándolo escondido debajo de nuestras capas impermeables. Había mucha niebla y nubes, y se veía muy muy poco. Iniciamos la subida y yo pense que había llegado a mi límite porque no podía más del cansancio. Cada vez necesitaba más largos y cada menos tiempo. Cuando pararon las subidas infernales y nos pusimos a contar chistes y hablar sobre monólogos todo fue mucho mejor; el único problema era la niebla y tuvimos que estar buscando T’s para asegurarnos de que no nos íbamos a perder.

Legamos a un cruce y seguimos en dirección a una cosa que no estábamos 100% seguros de que fuese la bola animados por Ignacio, y después de cruzar tramos con nieve, que Javi metiese la pierna hasta la rodilla en uno de esos tramos y que Carlos se quejara diciendo que ese camino estaba pensado para Spiderman llegamos a la bola. Había demasiada niebla pero nos hicimos fotos, y nos volvimos. Nos cruzamos con mucha más gente que empezaba a subir (a la ida solo nos cruzamos con cuatro personas que habían dormido más arriba que nosotros y bajaban) y llegamos al campamento base donde habíamos dejado las mochilas con un hambre atroz.

Hicimos una medio desayuno-comida de una lata de caballa y otra de atún para cada dos, y Martín compartió con Carlos y Javi con Ignacio. Después seguimos bajando hasta llegar al restaurante-mirador de la carretera. Javi y Martín fueron al baño a rellenar el agua y Carlos e Ignacio empezaron a bajar. Nada más empezar a bajar Javi y Martín paso un coche. Javi dijo que no hiciese autostop porque pensaba que era una familia que habíamos visto arriba y que iban llenos. Martín no le oyó y saco el dedo y pararon. Eran unos polacos que les bajaron todo el camino. Se pararon a hacer fotos y dejaron las llaves puestas de tal forma que podían haberle robado el coche perfectamente. Obviamente no lo hicieron.

Llegamos abajo dos horas y media antes de que llegase el Ferry que queríamos coger así que fuimos a intentar cambiar los mapas que habíamos comprado (porque al final no los usamos) y Martín les convenció para que nos los cambiasen. Después fuimos al baño y a una especie de cabaña donde había otros campistas. Martín se echó una siesta para esperar a Carlos y a Ignacio y Javi se fue al puerto a escribir un rato en su libreta.

Martín despertó y Carlos e Ignacio no habían llegado todavía. Eran las dos de la tarde y tardaron media hora más en llegar porque nadie les había cogida en autostop. Cogimos los mapas (que los tenía Carlos) y los cambiamos por una bolsa de patatas, chocolatinas y cien coronas. Nos las comimos y nos fuimos a un rio al lado del fiordo a esperar al Ferry. Carlos se bañó y se fue a ver una catarata que había mientras que Javi e Ignacio tocaban el ukelele y Martín descansaba. La madre de Martín nos dijo que Vivi Gavilán (una amiga suya) le había dicho que Irene León estaba con nosotros. No sabemos muy bien como pudieron llegar a esa conclusión.

Al fin llegó el Ferry y lo cogimos a toda prisa, sin preguntar. Resulta que no iba a Stavanger sino a Lauvvik, un pueblo enano, así que preguntamos a unas tías que nos dijeron que era mejor bajarse en Forsand porque era más grande y había tiendas, y nos bajamos ahí. En Forsand no sabíamos muy bien lo que hacer y le preguntamos a una familia que se acababa de bajar del Ferry también pero no tenían mucha idea. Uns señores que estaban por ahí dijeron que podían llamar a un taxi si queríamos. La familia no quería compartir y decían que les iba a buscar un amigo así que debatimos sobre lo que íbamos a hacer y decidimos coger un taxi hasta Jørpeland, la siguiente ciudad “grande” que había cerca.

Más tarde, después de haber recorrido mucho nos dimos cuenta de la tontería que fue el coger un taxi ese día, ya que podíamos haber hecho autostop perfectamente, pero la verdad es que estábamos cansados, nos habíamos equivocado de Ferry y no teníamos muy claro ni como íbamos a llegar a nuestro destino ni si lo íbamos a conseguir. El pueblo era como el típico pueblo de veraneo, enano y con pandillas de jóvenes pero sin mucha actividad. Como muchos de los pueblos que vimos por aquí había una calle principal y luego, a los lados, algunas tiendas. Las casas eran chalets típicos noruegos, con su arquitectura característica y jardines enormes, lo que conseguía que la extensión del pueblo fuese bastante elevada pero con una densidad de población muy baja, como el país, que tiene solo cuatro millones y medio de habitantes.

El taxi nos dejó en la “estación” de autobuses y desde ahí localizamos una especie de bolera-cafe (donde, por supuesto, todo era carísimo) y nos dieron unos mapas de la ciudad. Justo al lado de la estación de autobuses había un puerto y un baño con duchas para los que tenían ahí el barco atracado. Aprovechamos para ducharnos todos y asearnos un poco, porque eso ya era insostenible. Después de ducharnos y debatir un rato sobre lo que hacer subimos al pueblo y localizamos el supermercado, la tienda de deportes para comprar más propano y la oficina de información.

Después de tenerlo todo localizado y haber mirado los horarios de las tiendas nos fuimos a buscar un sitio donde acampar. Preguntamos en varias casas, (por si algún alma caritativa se apiadaba de nosotros y nos dejaba dormir en sus jardín) y un señor nos dijo algo de un camping cerca de la carretera principal que no entendimos muy bien. Seguimos por donde nos había indicado el señor y encontramos un camping abandonado con casetas y todo al lado de la carretera. (esto sí, estaban cerradas a cal y canto) Ahí decidimos acampar. Después de localizar un punto resguardado nos pusimos a cocinar. Javi e Ignacio se fueron a una gasolinera a comprar alguna salsa para los espaguetis mientras que Carlos y Martín los cocinaban con atún.

Cuando volvieron con la salsa (de las más ricas que recordamos) comimos todos usando el sistema por turnos y después montamos la tienda. Pusimos la alarma pronto para hacer todo rápido al día siguiente. Javi y Martín se pusieron a escribir y Carlos e Ignacio a escuchar cancioncillas que Carlos tenía en su móvil. Después de un rato nos metimos en la cama. Estos no paraban de hacer el gilipoyas hasta que Martín se cansó y le pegó un puñetazo (no muy fuerte) a Ignacio. Después de eso no hubo ni una palabra más hasta el día siguiente.

Día del Autostop, del gran recorrido y del Paraíso Hippie.

Nos levantamos pronto en el Camping para ir a Jørpeland a hacer compras y después ir hacia Tau. Recogimos todo y a las nueve menos diez estábamos en la puerta de la tienda de deportes, que abría en ese momento. Dentro compramos dos bombonas grandes de butano y un mapa bastante bueno de la zona de Hardangervidda, el parque natural al que queríamos ir. Después fuimos al supermercado ICA a comprar provisiones y desayuno. Martín robó un bollo y con Javi “probaron” muchas de las chucherías que se vendían.

Compramos todo de la marca “Euroshopper” que era más barata que la marca blanca del propio supermercado, pero las latas no tenían abre-fácil así que Ignacio se fue a buscar un abrelatas en las tiendas de alrededor. Encontró uno por noventa coronas, pero no lo compró. Después de la primera compra decidimos que no era suficiente y mientras Martín y Carlos se fueron a comprar el abrelatas y a conseguir información en la oficina de turismo sobre como subir a Odda Javi e Ignacio compraron más provisiones. No conseguimos mucha información en la oficina de turismo pero Martín se metió en internet a ver sus notas, ya que había conexión gratuita.

Después fuimos a la carretera hacia Tau y llegamos a una parada de autobús. Desayunamos ahí (unos bollos muy muy secos Carlos y Martín y un paquete de galletas cada uno Javi e Ignacio, y para todos un zumo de naranja barato) y nos pusimos a hacer autostop. Paró un viejo que llevó a Javi e Ignacio hasta Tau y nos quedarmos Martín y Carlos que seguimos haciendo autostop. Llegaron unas noruegas que se pusieron a hacer autostop unos metros antes que nosotros y a reírse, pero luego se fueron. Llegó el autobús y nos subimos, coincidiendo en la parada con un chileno con el que estuvimos hablando. Por lo visto hay muchos chilenos que huyeron de Chile cuando Pinochet y se instalaron en Noruega, ya que encontramos bastantes durante nuestro viaje. Nos contó un poco su vida y lo que suponía que podíamos hacer, dándonos consejos pero vamos, como casi todos no tenía ni puta idea. La verdad es que durante el viaje, hablando con la gente, todo el mundo quería opinar, y nos daban consejos que, por desgracia, luego nunca servían de nada.

Llegamos a Tau y nos estaban esperando ahí Javi e Ignacio. Habían visto que había un autobus hasta Hjelmeland (un pueblo un poco más al norte) en un rato y desde ahí se podía coger un Ferry hasta Nesvik y hacer autostop en la carretera 13. Cogimos el autobús y llegamos a Hjelmeland. Ahí había otra oficina de turismo donde preguntamos horario de autobuses y formas de llegar hasta Røldal. No nos dieron mucha información, como nos solía pasar en las oficinas de información. Teníamos que coger el Ferry hacia Nesvik y estuvimos haciendo tiempo, subiéndonos a una silla gigante que había por ahí, haciéndonos fotos, y dando vueltas. Compramos unas fresas a un niño que había en el puerto (por fin) y nos sentamos al borde del lago a comer unos bocadillos enormes que nos habíamos hecho con las provisiones que compramos en Jørpeland.

Salimos en el Ferry hacia Nesvik y llegamos ahí, aunque no había absolutamente nada. Por suerte no nos cobraron el pasaje del Ferry. Estuvimos haciendo autostop pero no conseguimos nada. Llamamos a un teléfono que nos habían dado en la oficina de información para pedir un taxi pero nos cobraban una barbaridad así que decidimos usarlo solo si no nos quedaba más remedio. Como éramos tantos y nadie paraba decidimos separarnos en grupos de dos: primero iban Javi e Ignacio y después Carlos y Martín. Quedamos en avanzar lo máximo posible y mantenernos en contacto a través del móvil.

Al final el grupo de Javi e Ignacio llegó a un túnel en el que no había luz y se tuvieron que parar a esperar, y lo cruzamos todos juntos con el farolillo. Seguimos andando un rato hasta que nos cogió una señora en un Subaru granate a los cuatro y nos dejó en el desvio hacia Jøsenfjorden. Estuvimos en ese desvío esperando un buen rato. Estuvimos localizando un sitio para, en el peor de los casos, dormir, y vimos una especie de cabaña a la que no bajamos. Para hacer autostop nos poníamos de dos en dos porque nos dimos cuenta de que los cuatro dábamos un poco de miedo. Javi empezó, sin mucho éxito, a intentar aprender a tocar el Ukelele. Al cabo de bastante tiempo nos cogió una camioneta con remolque. Nos metieron en la parte de atrás sin asientos y nos llevó hasta Sand. Durante este trayecto Javi dijo: ¿Os imaginais que ahora suena Kids (una canción de MGMT que nos encanta)? Al cabo de un rato (como cinco minutos o así) sonó Kids en la radio (imaginad lo que nos emocionó esta “tontería”)

Después de que los de la furgoneta nos dejasen en Sand hicimos un poco más de autostop y empezó a llover a cántaros, pero nos cogió un tipo que parecía un leñador y nos llevó a Suldalsosen. Ahí no había nada abierto (todo cerraba a las seis) e hicimos autostop de nuevo. Nos cogió un hombre con un Audi que parecía que iba a estallar y nos llevó a Nesflaten, un pueblecito de por ahí. En este último trayecti casi morimos porque estaba diluviando como no había visto en mi vida y un camionero iba demasiado rápido y muy metido en nuestro lado de la carretera y no nos chocamos con él por centímetros.

En Nesvik nos dejó en la puerta de un supermercado. Aquí todo cerraba a las cinco. Martín se puso a llamar por teléfono y el resto se fueron a dar una vuelta. Después nos pusimos en la puerta del café del pueblo a cocinar unos espaguetis con salsa de tomate Euroshopper y comimos siguiendo el sistema por turnos que tan popular se acabó haciendo. Nos llamó Magro por telefono. Después Martín se puso a escribir y el resto se fue a dar una vuelta de reconocimiento por el pueblo para buscar un sitio donde poner la tienda ya que había parado de llover.

Volvieron sin haber encontrado nada y nos fuimos todos a buscar algo. Vimos un prado al lado de una casa que tenía muy buena pinta. Martín le pidió a la señora dueña de la casa que nos dijese un sitio donde acampar, con la esperanza de que nos invitase a usar su jardín pero nos dijo que a tres minutos andando había un sitio preparado para ello con una tienda gigante. Nos indicó el camino y llegamos al Paraíso Hippie, donde había un tipi enorme con un sitio para hacer fuego y madera preparada.

Hicimos un fuego y nos pusimos a preparar las esterillas y los sacos. Ignacio se había dejado el Ukelele en la puerta del supermercado donde habíamos cenado así que se volvió a por él. Decidimos que al día siguiente Javi e Ignacio irían a comprar huevos, beacon y zumo mientras Carlos y Martín se iban a encargar de preparar el fuego para cocinar. Dejamos la puerta entornada por miedo al humo y nos dormimos, aunque unos tardaron más que otros.

Día de la separación de caminos, el autostop largo y el campo de fútbol.

Nos levantamos relativamente pronto y Javi e Ignacio se fueron a comprar el desayuno al pueblo mientras Carlos y Martín preparaban el fuego. Volvieron a las nueve y cuarto con doce huevos, beacon, pan y zumo de naranja. Cocinaron Carlos y Martín y nos comimos el desayuno por grupos de dos. La verdad es que, con el hambre que teníamos, es uno de los mejores desayunos que recordamos. Después de desayunar y recoger todo nos fuimos a coger el autobús hasta Røldal, pero debía haber pasado ya porque nunca llegó.

Después de esperar nos fuimos a la entrada del pueblo a hacer autostop y les pararon a Javi y a Ignacio. Era una chica que solo tenía sitio para dos asi que se fueron y nos separamos otra vez. En esta parte del diario falta lo que les pasó al grupo de Javi e Ignacio porque no estaban con nosotros.

Carlos y yo (Martín) estuvimos haciendo autostop hasta que paró una furgoneta que nos llevó hasta Tyssedal, que era el sitio al que queríamos llegar. Fue un viaje bastante largo (como dos horas y media) y el tío nos contó su vida: Que su novia era una artista y vivía en Fløril (un pueblecito enfrente de Bratelli), que el era una especie de carpintero que se dedicaba a la restauración de muebles y venía de ver a su novia y se iba a casa. Su hija iba a la universidad a Bergen y a su novia le habían dado una beca para ir a Bilbao a aprender sobre el arte o algo así. El era danés pero llevaba más de veinte años viviendo en Noruega y su novia era francesa. Su inglés no era lo suficientemente bueno como para explicarnos porque Noruega no quería entrar en la Unión Europea.

Llegamos a Tyssedal y dimos una vuelta hasta que encontramos un parque donde tomamos unos plátanos, dormimos un oco de siesta, Martín escribió en el diario y Carlos llamó a sus padres. Había un niño pequeño al que saludamos. Cuando ya no podíamos más del aburrimiento nos fuimos a dar una vuelta y encontramos una piscina que cerraba a las seis, aunque llegamos a las seis menos diez. Nos dio tiempo a darnos un chapuzón y cerraron la piscina. En cuanto se fueron los socorristas vinieron los macarras malotes del pueblo y se colaron con sus amigas. Llegó otro con su novia y con una pizza. Nosotros le preguntamos que de donde se había sacado la pizza y que si sabía de algún sitio donde dormir y plantar la tienda. Nos dijo que no sabía de ninguno y que la pizza era de Odda, así que nos fuimos a investigar.

Después de un rato encontramos un campo de fútbol con un sitio al lado bastante plano y pensamos que era un buen sitio. Mientras tanto Javi e Ignacio tenían su propia aventura en curso, de la que nos iban informando por teléfono. Antes de plantar la tienda bajamos a un sitio resguardado por los árboles para hacer un fuego para calentar las alubias, que abrimos a duras penas porque no sabíamos bien como usar el abrelatas. Después de cenar empezó a llover bastante y nos pusimos a montar la tienda todo lo rápido que pudimos, aunque se nos inundó un poco.

Una vez montada la tienda nos metimos dentro a esperar a Javi y a Ignacio, que estaban ya en Odda (el pueblo anterior a Tyssedal. Tardaron un poco en llegar y nos contaron que habían subido en autostop y les había cogido un español que les llevó a ver la presa que estaba bastante lejos. Traían galletas y un brazo de gitano. Nos comimos las galletas y estuvieron contándonos sus aventuras. Poco después caímos rendidos.

Día del Funicular, el Trolltunga y de las Cabañas Self-Service

Nos levantamos al lado del campo de fútbol y ya no llovía. Recogimos todo con la calma que nos caracteriza y desayunamos el brazo de gitano que, en mi opinión, estaba demasiado dulce. De hecho, ya en Madrid, al pensar en ese brazo de gitano lo tengo en mente como la cosa más dulce que he comido nunca, y ahora me dan un poco de nauseas al pensarlo. Aún así, con el hambre que teníamos nos pareció a todos buenísimo.

Subimos hacia Skjeggedal intentando hacer autostop pero no nos cogió nadie así que llegamos andando. A Martín le tocaba llevar la tienda y no podía más del cansancio así que cuando llegamos tuvimos que parar un beun rato a descansar delante de la subida que nos tocaba. Al lado del camino había una especie de tren que servía para subir a los empleados de la empresa Statkraft (que no sabemos muy bien que es pero pensamos que es la empresa eléctrica). Los empleados llegaron mientras nosotros descansábamos y empezaron a meter las cosas en el carricoche. Cuando terminaron de montarlo todo nos preguntamos si queríamos subir con ellos y obviamente dijimos que sí.

Nos montamos y subimos todo el tramo (que era una cuesta bastante empinada y difícil que en el mapa ponía que se tardaba 2,5 t) y desde ahí arriba empezamos a subir hacia Hardangervidda a al Trolltunga (el saliente de las fotos). Paramos a mitad de camino a comer unos espaguetis con atún y después de comer llegamos por fin al Trolltunga. Estuvimos haciendo fotos y jugando a juegos absurdos (a ver quien acertaba el número de pasos que medía la piedra).

Antes de eso, intentando sacar una foto con temporizador, se cayó la cámara y parecía que estaba rota, pero al final cambiamos el adaptador de la tarjeta micro SD y por fin funcionó (lo que fue un gran alivio porque por un momento pensamos que habíamos perdido todas las fotos).

Después del Trolltunga llegamos a una cabaña self-service y nos pusimos como el kiko comiendo sin escatimar en gastos y aprovisionándonos. Tengo que explicar lo que son las cabañas self-service: En Noruega hay unas rutas marcadas por todos los parques naturales y sitios interesantes de montaña, y en las rutas medianamente importantes y largas hay situadas cabañas de tres tipos: unas con personal en ellas que se encargan de cobrar y de recibir a los huéspedes, otras self-service, con comida y camas pero que cada uno apunta lo que consume y lo paga antes de irse, y otras sin comida en las que se puede dormir pagando un módico precio. Para usar estas cabañas hay que pagar si eres socio unas 150 coronas y si no lo eres unas 300 coronas. Sabemos que no es lo que hay que hacer, pero nosotros, como buenos estudiantes estábamos bastante “pelados” de pasta, así que no pagamos mucho de lo que cogimos (que por otro lado era excesivamente caro).

Salimos hacia la siguiente cabaña y estuvimos andando un buen rato (bastante largo) con la nieve y todo hasta las nueve de la noche, cuando por fin llegamos. Por desgracia teníamos que compartir la cabaña con un alemán mayor (unos cuarenta y cinco años( profesor de música con el que estuvimos hablando un rato. Después cocinamos la cena y el hombre se fue a la cama así que nos cebamos. Después de la primera cena hicimos unos espaguetis con albóndigas que solo comimos Javi, Carlos y Martín, porque Ignacio se había ido a dormir. Tampoco estaban muy buenos, pero llevábamos mucho tiempo sin llenarnos y nos vino bastante bien, aunque estoy seguro de que eso en Madrid no lo hubiésemos comido ni de broma. No conseguimos terminárnoslos (por primera vez en todo nuestro viaje y fuimos a fregar los platos Carlos y yo (Martín) (tirando Carlos las sobras por el retrete. El agua estaba helada y pensé que moría de frio, pero luego nos fuimos corriendo de vuelta a la cabaña y nos hicimos un té calentito al que echamos miel.

Carlos se puso a leer un cuento de Jack London y Javi y Martín estuvieron escribiendo hasta que nos metimos todos en la cama y dormimos como no habíamos dormido en mucho, muchísimo tiempo.

Día de la Ruta Imposible, las Esterillas de Carlos y Javi y el Cruce del Río

Nos levantamos con la calma, ya que era una gozada dormir en una cama y con un edredón. Fuera hacía frío y había mucho viento así que nos abrigamos y nos preparamos para salir fuera. Hicimos el paripé de pagar y nos fuimos, después de aprovisionarnos con galletas y algunos paquetes de pasta. Fue una ruta bastante dura y difícil, con mucho viento y bastante frío, y con la dificultad añadida de que no se veía prácticamente nada y era difícil seguir el camino.

En un tramo nos separamos Carlos y yo (Martín) por un lado y Javi e Ignacio por otro para intentar localizar el camino. Poco después nos separamos cada uno por su lado para ver dos direcciones distintas. Al cabo de un rato volvía ver a Carlos a lo lejos y le hice un gesto para volver con los otros y desapareció a por su mochila y ya no le volví a ver. Estuve un rato esperando y empecé a llamarle pero no me oía porque había mucha ventisca y no me contestaba. Fui a buscarle y no le encontré y estuve un rato dando vueltas hasta que decidí volver a donde estaban Javi e Ignacio, para ver si había vuelto con ellos. Les pregunte desde lo lejos si estaban con Carlos y me dijeron que no, que estaba conmigo. En ese momento me asusté bastante y me empecé a temer lo peor. Me imaginaba llamando a un helicóptero o yendo a buscar ayuda por el parque para que le socorriesen. Me quité la mochila y salí corriendo a buscarle pero no le encontré. Al cabo de un rato apareció tranquilamente andando, como si no pasase nada, y nos dijo que al final había decidido acortar por otro sitio y no volver conmigo. Me acojoné bastante, la verdad.

En otro punto había una cuesta super empinada y a Carlos y a Javi se les ocurrió la genial idea de tirarse cuesta abajo con sus esterillas a modo de trineo, lo que no fue una gran idea porque se rompieron y no pudieron volver a hincharlas en todo el viaje para dormir.

En este primer tramo tardamos bastante por culpa del frío, del viento y de la nieve, que hacía que andáramos muy lentos. Por suerte a medida que avanzábamos llegamos a zonas más tranquilas, con menos nieve y en las que el viento soplaba menos. Era más fácil moverse pero no todo era perfecto y sin frío los mosquitos estaban más activos y molestos que nunca, llegando a ser auténticamente insoportables.

En algunos sitios perdimos el tiempo por no encontrar bien la ruta, y en un punto tuvimos que descalzarnos para cruzar un río que, por supuesto, estaba congelado. Al final conseguimos llegar a Litlos, la siguiente cabaña, pero en este caso no era self-service así que pasamos de largo y buscamos otro sitio para plantar la tienda. Por suerte no tardamos mucho en encontrarlo así que plantamos la tienda rápido y cocinamos espaguetis de los que habíamos traído nosotros mezclados con un sobre de pasta carbonara que habíamos cogido de la cabaña. La mayoría de la pasta de quemó y la del sobre no terminó de cocerse del todo por lo que estaba un poco día así que cenamos la que probablemente fuese la peor cena de todo nuestro viaje a Noruega.

Después de cenar intentamos hacer fuego pero no lo conseguimos así que quemamos unos hierbajos para espantar a los mosquitos y nos metimos corriendo en la tienda. Carlos, Javi e Ignacio estuvieron un buen rato haciendo el tonto hasta que conseguimos dormirnos.

Día del Sol, de la Presa, de las Notas y de la Última Cabaña

Nos levantamos bastante pronto, en parte por el calor y en parte porque no habíamos podido dormir bien. Desayunamos galletas con Nocilla y después de recoger nos pusimos en marcha hacia Middlesbu, el sitió en el que estaba la última cabaña. La verdad es que el día que nos hizo por la mañana era una gozada, con mucho sol pero sin calor agobiante y aunque la ruta fue un poco larga no nos costó demasiado. Ignacio y Javi encontraron unas ovejas y se pusieron a correr entre ellas, imitando al de Into The Wild (que corria entre caballos).

A mitad del camino paramos a comer, a la orilla de un rio que había que cruzar. Comimos arroz con tomate y como estuvimos un tiempo descansando hasta que decidimos ponernos a construir una presa para poder cruzar el río. Nos descalzamos y empezamos todos a trabajar. Después de varios intentos fallidos Martín decidió cruzar descalzo con la mochila y el resto estuvo construyendo la presa mientras el les esperaba en la otra orilla. Al final lo consiguieron y cruzaron por ella. Fue bastante entretenido y estuvimos un par de horas parados descansando sin preocupación alguna.

Seguimos andando y el tiempo empeoró un poco. A Martín le llegaron de golpe todos los suspensos que había tenido y estuvo un poco deprimido. Llegamos a unas casitas de piedra donde había unos niños jugando y unos caballos. Pasamos de largo y nos desviamos para llegar a la última caseta self-service. Tuvimos que bajar por al cuesta más empinada por la que habíamos bajado en todo el viaje, pero por fin llegamos a Middlesbu. Había dos alemanes dentro así que metimos todo en una habitación y cogimos cada uno una cama.

Cenamos y nos pusimos a escribir en los diarios y a hablar. Los alemanes nos enseñaron a usar el abre-latas que no habíamos conseguido usar en todo el viaje de manera adecuada, y resulta que era lo mejor y funcionaba fenomenal. Poco después empezó a llegar más gente y nos metimos en la habitación. Llegaron una china y una vieja y Carlos fue a por nuestros cubiertos. No los encontró y dijo que los estaban usando las que acababan de llegar así que Martín fue a decirles que por favor usasen otros y mientras se lo decía escuchó como se descojonaban en al habitación porque los cubiertos estaban dentro y Carlos no los había visto.

Nos dormimos (como siempre en las cabañas dormimos fenomenal, acostumbrados a dormir en el suelo tirados) y al cabo de un rato entro la china a por mantas y la vacilaron un poco. A Ignacio le dieron de su propia medicina y se cabreó y les gritó a Javi y a Carlos porque le estaban molestando.

Última Noche en la Tienda

Martín se levantó el primero porque no podía dormir más, a pesar de la comodidad de la cabaña self-service. Estuvo haciendo tiempo hasta que se despertaron todos. Desayunamos todos una especie de Cola-Cao en polvo (que se mezclaba con agua) con galletas que no estaba del todo mal. Sabía incluso un poco a leche con chocolate.

Los alemanes se habían ido ya pero la china y la vieja seguían por ahí así que estuvimos haciendo tiempo hasta que se fueron y en cuanto se marcharon nos aprovisionamos para los próximos días. No hacía muy buen tiempo e incluso llovía un poco así que al poco de empezar el camino nos tuvimos que poner los chubasqueros.

Ignacio hizo Ice Tea y nos hicimos unas fotos en una cascada (nos la hizo la china, que nos la volvimos a encontrar). Durante el camino íbamos entablando conversaciones absurdas sobre la utilidad de viajar a cualquier del parte del universo tu solo o la posibilidad de tener el poder de un Jumper. También discutimos sobre que era mejor: un viaje al espacio o una vuelta al mundo.

Estuvimos todo el rato cruzándonos con la china y la vieja hasta que salimos de la carretera y nos subimos al camino hacia Røldal. Ese día fuimos con mucha calma porque teníamos que hacer la mitad del camino ese día, cuando se podía hacer perfectamente en siete horas. Comimos y nos pusimos a buscar un sitio para plantar la tienda. Martín estuvo fregando los platos mientras el resto preparaba el sitio de la tienda y una hoguera con la leña que Ignacio y Carlos habían recogido.

Después de montar la tienda Martín se quedó cocinando y cuidando del fuego mientras el resto se iba a por más leña. El primero en volver fue Carlos, que se fue a dar un baño en el lago pero no estuvo mucho tiempo. En cuanto volvió empezamos a comer porque la comida ya estaba lista (arroz mezclado con alubias) y se estaba enfriando. Apuntamos los turnos hasta que llegaron todos.

Javi se fue a bañar mientras Ignacio se puso al día con los turnos, tomando 14 cucharadas de arroz seguidas. En cuanto volvió Javi se fue Ignacio al lago y después Martín. Nos “duchamos” en el rio, que tenía el agua más fria en la que nos habíamos bañado nunca. Era insoportable estar dentro del agua más de dos segundos y se te cortaba la respiración del frio. Cuando nos sumergíamos enteros en el agua era como si te comprimiesen los pulmones y te fuese a estallar la cabeza del frio, y tener los pies en el agua hacía que los dejases de sentir por completo en menos de un minuto. Las duchas fueron muy rápidas, excepto la de Carlos que incluso tuvo el valor de dar un par de brazadas en el agua. Después de las “duchas” cada uno fue corriendo al fuego a intentar entrar en calor, y después de calentarnos un poco nos metimos en el sapo para pasar la última noche de la tienda.

Llegada A Roldal

Llegada a Oslo y Fiesta

Último Día: Despedida