Nos levantamos con la calma, ya que era una gozada dormir en una cama y con un edredón. Fuera hacía frío y había mucho viento así que nos abrigamos y nos preparamos para salir fuera. Hicimos el paripé de pagar y nos fuimos, después de aprovisionarnos con galletas y algunos paquetes de pasta. Fue una ruta bastante dura y difícil, con mucho viento y bastante frío, y con la dificultad añadida de que no se veía prácticamente nada y era difícil seguir el camino.
En un tramo nos separamos Carlos y yo (Martín) por un lado y Javi e Ignacio por otro para intentar localizar el camino. Poco después nos separamos cada uno por su lado para ver dos direcciones distintas. Al cabo de un rato volvía ver a Carlos a lo lejos y le hice un gesto para volver con los otros y desapareció a por su mochila y ya no le volví a ver. Estuve un rato esperando y empecé a llamarle pero no me oía porque había mucha ventisca y no me contestaba. Fui a buscarle y no le encontré y estuve un rato dando vueltas hasta que decidí volver a donde estaban Javi e Ignacio, para ver si había vuelto con ellos. Les pregunte desde lo lejos si estaban con Carlos y me dijeron que no, que estaba conmigo. En ese momento me asusté bastante y me empecé a temer lo peor. Me imaginaba llamando a un helicóptero o yendo a buscar ayuda por el parque para que le socorriesen. Me quité la mochila y salí corriendo a buscarle pero no le encontré. Al cabo de un rato apareció tranquilamente andando, como si no pasase nada, y nos dijo que al final había decidido acortar por otro sitio y no volver conmigo. Me acojoné bastante, la verdad.
En otro punto había una cuesta super empinada y a Carlos y a Javi se les ocurrió la genial idea de tirarse cuesta abajo con sus esterillas a modo de trineo, lo que no fue una gran idea porque se rompieron y no pudieron volver a hincharlas en todo el viaje para dormir.
En este primer tramo tardamos bastante por culpa del frío, del viento y de la nieve, que hacía que andáramos muy lentos. Por suerte a medida que avanzábamos llegamos a zonas más tranquilas, con menos nieve y en las que el viento soplaba menos. Era más fácil moverse pero no todo era perfecto y sin frío los mosquitos estaban más activos y molestos que nunca, llegando a ser auténticamente insoportables.
En algunos sitios perdimos el tiempo por no encontrar bien la ruta, y en un punto tuvimos que descalzarnos para cruzar un río que, por supuesto, estaba congelado. Al final conseguimos llegar a Litlos, la siguiente cabaña, pero en este caso no era self-service así que pasamos de largo y buscamos otro sitio para plantar la tienda. Por suerte no tardamos mucho en encontrarlo así que plantamos la tienda rápido y cocinamos espaguetis de los que habíamos traído nosotros mezclados con un sobre de pasta carbonara que habíamos cogido de la cabaña. La mayoría de la pasta de quemó y la del sobre no terminó de cocerse del todo por lo que estaba un poco día así que cenamos la que probablemente fuese la peor cena de todo nuestro viaje a Noruega.
Después de cenar intentamos hacer fuego pero no lo conseguimos así que quemamos unos hierbajos para espantar a los mosquitos y nos metimos corriendo en la tienda. Carlos, Javi e Ignacio estuvieron un buen rato haciendo el tonto hasta que conseguimos dormirnos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario