Ya estamos en Stavanger. Hemos llegado en tren desde Oslo (salimos ayer a las 10:47 de la noche) hasta Sandnes y ahí hemos cogido un autobús. En Stavanger nos hemos encontrado a un español de Valencia muy simpático que nos ha informado sobre el servicio de cabañas (demasiado caro para nuestro presupuesto).
En el viaje hasta aquí Ignacio no quería comprar agua porque le parecía muy caro, pero luego se le ocurrió comprar un menu en el tren. Al final compramos una botella de agua (un poco cara, la verdad).
En Stavanger hemos desayunado un Pan-Pizza cada uno y litro y medio de zumo entre todos. Ahora estamos viendo que hacemos sentados en un parque enfrente de la catedral y esperando a que la abra oficina de turismo.
Fuimos a la oficina de turismo y pedimos mapas de la zona, bastante cutres, y nos dieron información sobre como llegar al Preikestolen: había que coger un Ferry hasta Tau y luego un autobús que te acercaba al comienzo del trayecto. Nos costo 100 coronas por persona. En la oficina de turismo preguntamos a un señor de la limpieza que donde podíamos conseguir agua y resulta que era Chileno y nos llevo dentro, al cuarto de baño y al sótano, para que rellenásemos las botellas y las cantimploras.
Estuvimos a punto de perder el Ferry pero al final no pasó nada.
Fuimos al Preikestolen (una cuesta empinadísima) y antes de llegar nos estuvimos bañando en unos lagos y descansando. Javi se pegó dos leches al entrar y al salir del agua y todos los turistas se rieron.
Comimos una lata de atún cada uno, porque la verdad es que no teníamos mucha comida. Conocimos a Jesús, un canario que lleva tres o cuatro semanas por Noruega el solo. En canarias es capitan de un Ferry. El puto amo. Nos dio chocolates por lo que se cumplió el mundo de baldosas amarillas de Martín del que tanto se reía Ignacio. Despues fuimos al Preikestolen, estuvimos ahí haciéndonos fotos y disfrutando y volvimos para encaminarnos hacia Bratelli.
De camino a Bratelli (un “pueblo” que aparecía en los mapas y en unos carteles) conocimos a unos checos que iban a hacer un plan parecido al nuestro, pero se iban a quedar una semana más. También eran ingenieros. Nos perdimos y acampamos al lado de un poste que Ignacio había visto desde lo lejos en lo alto de una montaña. Nos cenamos unos macarrones y nos fuimos a dormir.
Javi y Carlos bajaron a bañarse y a por agua y volvieron con agua del lago y con ella cocinaron. Martín se metió en la tienda mientras tanto y se quedó dormido.
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